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24-11-17 Prensa

Cómo la alimentación puede prevenir el ojo seco.

Mejorar los hábitos nutricionales ayuda a evitar el desarrollo de esta patología.

El síndrome de ojo seco se define como la falta o la mala calidad de la película lagrimal, necesaria para una correcta visión. Siendo la patología de la superficie ocular más común, afecta a aproximadamente entre un 10 y un 20% de la población adulta y se da con mayor frecuencia en mujeres.

“Un paciente que sufre de ojo seco puede presentarse con síntomas y signos de irritación del ojo, sensación de cuerpo extraño (sensación abrasiva en el ojo) y molestias con la luz; incluso todo esto puede derivar en una pérdida transitoria de la agudeza visual”, explica la Dra. Laura Taverna, oftalmóloga de INEBA.


Este síndrome es un trastorno que produce mayor afección con el correr de los años y su incidencia aumenta en pacientes con enfermedades autoinmunes, mujeres postmenopáusicas y en usuarios de lentes de contacto. “Todos ellos tienen como denominador común un déficit funcional de la lágrima debido a la disminución de su producción o a la excesiva evaporación”, explica la especialista.


Entre las causas ambientales que pueden generarlo se pueden mencionar la exposición a aires acondicionados, al viento y al sol. También puede producir por hábitos como el tabaquismo y el uso de medicamentos. A su vez, existen múltiples causas tales como trastornos hormonales, inmunitarios, factores ambientales, déficit en la calidad nutricional, muchos de los cuales tienen tratamiento.


Ahora bien, lo que se come a diario y el tipo de alimentación que se elije son factores fundamentales en la prevención del ojo seco. “La lágrima contiene lípidos producidos por glándulas ubicadas en el párpado, que crean una película protectora. Cuando esta capa lipídica no está bien formada, la lágrima se evapora rápidamente y es una de las causas de ojo seco”, comenta Taverna.


La nutricionista de INEBA Teresa Cóccaro explica: “Entre los tratamientos disponibles para aumentar la secreción lacrimal comienza a afianzarse la terapia a través de la alimentación que se basa en el aumento del consumo de alimentos ricos en omega-3, cuya acción es anti inflamatoria, y la disminución de aquellos que contienen omega-6 (aceite de girasol, aceite de maíz o linaza, germen de trigo, sésamo)”.


Entre los alimentos ricos en omega 3 se encuentran los pescados de agua fría, frutos secos y aceite de oliva. Es fundamental para potenciar la acción del omega 3 elevar el nivel de la ingesta de antioxidantes como la vitamina C y E y los polifenoles. Para ello se pueden consumir cítricos como naranja, mandarina, frutilla, kiwi – que aportan vitamina C – y aceites, vegetales de hoja verde como el brócoli, cereales tipo copos y polifenoles como el vino tinto y chocolate, que aportan vitamina E.


“Si bien hay diversas opciones terapéuticas disponibles para esta patología, con base en el uso de sustitutos lagrimales, la modificación del hábito nutricional ha demostrado excelentes mejorías en los componentes de la lágrima”, concluyen ambas especialistas.


Fuente: El diario de Misiones
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